A ti, que das paz a mi vida, que alivias mi dolor y sufrimiento, que secas mis lágrimas y me levantas cuando más lo necesito. A ti, Dios, te doy las gracias.
Sólo tú conoces mis pensamientos, mis deseos y mi corazón y día a día das luz a mi vida. Sólo tú, has obrado a mi favor.
Gracias a ti he aprendido a valorar más lo que tengo, a perdonar y ser más noble. Ahora veo las cosas de otra manera: hay gente egoísta, envidiosa y desagradecida, gente que quiere dinero y cosas materiales, pero ¿cuantos se acuerdan de los que mueren de hambre? ¿de los que están desamparados y solos en la vida? ¿cuantos ayudan a la gente enferma y abandonada y rezan por sus almas? Yo si me acuerdo de ellos y pido que les des ayuda y consuelo, y me siento muy afortunada cuando consigo ayudarlos y llevarlos a ti. Siempre he creído en ti, y a ti he entregado mi alma y mi ser, a ti he entregado a mis hijos (mis ángeles Lara y Naim) para que les guíes en la vida con rectitud, les des sabiduría, crezcan sanos y fuertes y nunca les falte nada.
Hace un tiempo que yo estaba perdida, triste y no tenía fuerzas para seguir adelante, pero tan grande es mi fe y amor por ti, que con tu ayuda me he levantado y he seguido adelante.
Sólo el que cree en ti tiene refugio, consuelo y paz, sólo el que te honra, te alaba y te sirve conocerá tu gloria.
Se que aún me queda un largo camino por recorrer, por eso te pido, Señor, que me guies, estes a mi lado y me lleves de tu mano.
A ti, por ser Misericordioso y Clemente, Justo y Recto, Bondadoso y Piadoso. A ti te digo: ALABADO SEAS, DIOS MIO.







