¿Por qué no le abres la puerta de tu corazón al Señor?... ¿Qué te impide que des el paso de fe?... ¿Qué puedes perder?...
Hoy, mi querido lector, simplemente te invito a que des el primer paso, recordando que Dios y en su gracia te ha creado libre, que Él nunca obliga a nadie, que deja en la decisión de cada cual que camino tomar. Pero Él, que es un Padre que en verdad ama a sus hijos, no cesa de hacerte llegar una y otra vez su Palabra, su anhelo, su deseo de que te vuelvas a Él para poder manifestarte todo su amor que ha sido derramado y manifestado por medio de su Hijo Jesucristo.
Nunca olvides, ni consientas en dudar –porque bien se que la duda tiene lugar– que hemos sido creados por Dios, y que únicamente Él es quien te puede llevar a hallar la Paz que tanto anhelas.
Una Paz que a causa del mundo, de todo cuanto este falsamente te ofrece, anda perdida y sin rumbo, tanto; que sin tan siquiera darte cuenta andas cada día haciendo aquello que crees te llena, pero que a la verdad solo sirve por un tiempo, y bien los sabes. Porque no podrás negar que lo que hoy te está llenando tarde o temprano te dejará de llenar, y a seguir buscando en el mundo la paz. Pero en Su Nombre te digo que no, en el mundo y lo que este te ofrece no la podrás hallar.
Quisiera que hoy abrieses tu corazón, ahora mismo. Que abrieses la puerta al Señor, porque es él quien te está llamando y sin dudar. Es esa débil voz casi muda, sencilla y caballeresca, que día a día te está pidiendo desde lo más profundo de tu interior que le dejes entrar. Una voz que JAMÁS impone, sino que obra desde la sencillez y la Paz.
El paso es sencillo, muy sencillo. Simplemente, ahora mismo, estés donde estés, te sientas como te sientas, hagas lo que hagas... sin dudar, dile al Señor:
Señor, tú bien sabes como soy, nada te puedo ocultar. Te abro la puerta de mi corazón, de mi vida, te pido que vengas, que entres, que me llenes de ti, de tu gracia, de tu don. Sea en mi conforme a tu Palabra. Te doy mi permiso, en ti confío, lléname de ti mi Dios...
Y cuéntale todo cuanto consideres: tus problemas, tus anhelos, tus dudas... no temas, ten fe, da el paso y deja obrar en tu vida al Espíritu Santo. Háblale como le hablarías a tu mejor amigo, como lo harías con la persona que más confianza tienes en este mundo...
Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sea desde hoy tu pan de cada día y tu descanso.
PD. Te aconsejo que busques por tu casa un Nuevo Testamento, y le dediques un tiempo cada día. Deberías aprender cuanto antes el lenguaje de Dios, como habla Dios, y ello únicamente es posible por medio del conocimiento de Su Palabra.








