El Señor os bendiga.
1Cor. 15:50.- Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.
Primero que todo gracias. El Señor ha escuchado vuestras oraciones. Bendito sea por los siglos de los siglos.
Hoy, orando, he podido contemplar y de nuevo el rostro de Cristo. Siempre que ello y por su gracia nos es dado, siempre que él se deja ver, quedamos nosotros totalmente al descubierto y nos son mostradas las más ocultas intenciones de nuestro corazón. Tanto las buenas, como las malas. Ambas nos son mostradas cuando le pedimos al Señor que sea él quien nos juzgue, quien nos escudriñe, quien saque a la luz las verdaderas intenciones de nuestro corazón. El Señor no duda en mostrarnos como nos ve él, si así se lo pedimos, si le decimos: Señor muéstrame como me ves tú!








